Las entrañas de la pintura

Javier Avilés: las entrañas de la pintura

Antonio Espinoza


Javier Avilés es un pintor arraigado en la figuración. No podía ser de otro modo. Su paso de la infancia a la adolescencia y el inicio de su formación artística, coincidieron con la explosión figurativa de los años ochenta del siglo pasado. En aquella época, en efecto, la pintura mexicana dio un giro decisivo, con el resurgimiento vigoroso de la figuración que se expresó a través de distintas tendencias. Neomexicanismo, neoexpresionismo y otros realismos, fueron corrientes que se apoderaron de la escena artística nacional y dieron forma a un movimiento pictórico neofigurativo que se convirtió en uno de los capítulos más intensos del arte nacional. Autores como Ricardo Anguía, Estrella Carmona, Mónica Castillo, Janitzio Escalera, Julio Galán, Javier de la Garza, Arturo Guerrero, Marisa Lara, Rocío Maldonado, Dulce María Núñez, Roberto Parodi, Adolfo Patiño, Rodrigo Pimentel, Georgina Quintana, Arturo Rivera, Froylán Ruiz, Patricia Soriano, Eloy Tarcisio, Germán Venegas y Nahum B. Zenil, entre otros, participaron en una aventura que inyectó de vitalidad a la pintura mexicana.

Javier Avilés (Ciudad de México, 1973) es un digno heredero de la nueva figuración ochentera. Al igual que los maestros neofigurativos, concibe a la pintura como el género artístico por excelencia, como un ejercicio de libertad y una forma de expresión tradicional pero capaz de significar el complejo mundo en el que vivimos. Avilés sigue en la línea que marcaron los maestros que le precedieron, en cuanto a gustos, intereses y obsesiones. Dueño de una técnica pictórica impecable, consciente del valor del oficio, aborda con destreza las más diversas temáticas: animales, desnudos, retratos, paisajes urbanos. Su obsesión por la muerte es más que evidente. Piensa en la muerte de las más distintas formas, a veces recurriendo a la historia bíblica (el Jesús flagelado, la crucifixión, Barrabás, Gestas, Judas), imaginando a una virgen sicaria o simplemente pintando calacas, a menudo dentro de complicadas composiciones alegóricas; las calacas aparecen también en esculturas giratorias de pequeño formato, que son una maravilla.

La vena posmoderna es quizá la mayor virtud que heredó Javier Avilés de la nueva figuración ochentera. En esta exposición hay dos cuadros que revelan claramente al Avilés posmoderno, quien se apropia deliberadamente de obras consagradas del arte universal para subvertirlas. En una nos ofrece su versión personal de El nacimiento de Venus, de Botticelli, convirtiendo a la bella diosa del maestro florentino, que emerge del mar en una concha, en un personaje horrible y grotesco, dentro de un cuarto sucio; en la otra, se apropia de La Piedad de Miguel Ángel, para trasladarla del Vaticano a una ciudad desolada y colocarla en medio de una calle. No por otra cosa la actual exposición de Javier Avilés se llama: De las entrañas citadinas. El pintor figurativo hurga en las entrañas de la urbe. Acto seguido, hurga en las entrañas de la pintura, para revelarnos su verdad.

Texto de presentación de la exposición: De las entrañas citadinas, inaugurada el 25 de julio en el Museo de la Policía, en Victoria 82, en el Centro Histórico. 


Barrabás

Grafito sobre madera

135 X 95 cm

2018 

Indulgencia 

Óleo sobre tela

110 X 90 cm

2020 

La muerte de Gestas 

Carbón sobre tela

60 X 60 cm

2016 

Ecce Homo

Grafito sobre madera

60 X 110 cm

2019